Enseña a tu corazón para que guarde los mandamientos y sea agradecido porque siempre hay más que recibir del Señor.
Cuando viajas, le indicas a tu secretaria sus tareas y seguramente hay cosas que recomiendas con especial atención. Tal vez darle de comer al gato u otra cosa pero hay algo en lo que insistes y porque es muy importante. De la misma forma, el Señor remarca en el libro de Malaquías lo que desea de nosotros:
Malaquías 4:1-4 nos enseña: Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama. Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos. Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.
Estas son las últimas palabras del último libro del Antiguo Testamento y el mensaje es que debemos recordar Su ley. A todos nos encanta escuchar las promesas y respuestas que vienen del cielo porque encienden nuestra pasión por seguir creyendo pero nos disgusta que nos digan lo que debemos hacer y no lograremos avanzar mientras el corazón no sea enseñado en dar más que en recibir.
Las intenciones del corazón
Hebreos 4:12 asegura: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Tenemos muchas intenciones en el corazón: ir a la iglesia, conocer a Dios, guardar Sus mandamientos, recuperar o reconstruir el hogar, prosperar, viajar, etc. Cuando el pueblo estaba en la frontera de la Tierra Prometida, enviaron espías para explorarla y lograr que dentro del corazón naciera la voluntad de conquistarla. Dios venía trabajando es sus corazones desde que salieron de Egipto. Nosotros debemos actuar igual y cuidarnos de guardar Sus mandamientos cuando obtengamos lo que nuestra fe nos permita alcanzar. No te olvides de honrar al Señor cuando logres restaurar a tu familia, tener buena posición económica y alcanzar tus promesas.
Por ejemplo, un padre que regala un carro nuevo a su hijo cuando se gradúa del colegio, lo hace para recompensarlo por el producto del esfuerzo y para que pueda ir a la universidad, no para que lo deshonre manejando ebrio y cometiendo locuras. Lo que comenzó bien, ese premio por el éxito puede echarse a perder en un instante. El mal carácter de no valorar y no corresponder arruina todo porque si desperdicias o mal utilizas lo que recibes, Él no tendrá confianza de darte más. Dios prueba nuestro corazón y desea ver qué hacemos cuando nos da. Lo correcto es recibir con responsabilidad, temor y celo por honrarlo.
Jesús vivió un ejemplo de mal carácter de alguien a quien bendijo cuando sanó a diez leprosos y solamente uno regresó a dar gracias. Esos diez enfermos vivían una agonía constante, no podían trabajar ni convivir con sus familias. La sanidad que recibieron era un regalo extraordinario y no tuvieron el corazón y carácter para asumir la actitud correcta y agradecer. La fe les funcionó y provocó el milagro que anhelaban, pero se echó a perder por el carácter.
Guarda siempre los mandamientos y demuestra gratitud
En Deuteronomio 6:10 –17 el Señor advierte de nuevo sobre esto: Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos; porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra. No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah. Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado.
Dios siempre empieza a trabajar en nuestro corazón antes de que lo bueno llegue porque es necesario para convertirte en esa persona que puede alcanzar mucho más. El problema del pueblo no era conquistar sino en quién se convertiría al lograrlo. Dios insiste en pedirnos que vivamos los mandamientos en todo momento no solamente cuando obtenemos lo que deseamos.
Deuteronomio 8: 2 continúa advirtiendo: Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.
El Señor nos inicia en procesos y nos expone a situaciones porque nos ama y le duele que seamos mal agradecidos. Hay que creer y mantenerse aferrado a las promesas, pero también debemos someternos a los procesos que educan nuestro corazón.
El leproso no esperaba recibir la salvación eterna pero la obtuvo a través de la gratitud. Somos escasos porque nos conformamos y no vemos que aún hay más. Declara que el Señor es tu Salvador, confiésalo con tu boca y abrirás las puertas de los cielos. Limpia tu corazón y tu boca de malas palabras o mentiras. Avanza hacia la santidad porque todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Dios quiere manifestarse en tu debilidad porque allí es donde te hará fuerte para que poco a poco logres ser mejor. Esa es la actitud de un verdadero cristiano.
Pídele al Señor que te libre de apartarte de Él porque tu verdadera recompensa es demostrarle que serás fiel toda la vida. Demuéstrale que estás decidido a obedecer y mejorar. Nada debe detenerte para convertirte en ese hijo que le agrade con su conducta. Prométele que lucharás por cumplir Su palabra porque sabes que te ayudará y sostendrá para disfrutar de todo aquello que ha preparado para ti.
28 de agosto de 2010
Los días buenos dependen de tus palabras
Hay un reino dentro de nosotros que puede sufrir división debido a nuestra boca
Hemos estado aprendiendo a usar bien la boca, a no dividir el Reino, Jesús habló que podía existir división en una casa, en una ciudad y en un reino debido a la forma en la que la gente habla, vimos también que la gente que puede llegar a blasfemar al Espíritu Santo es aquella que siempre está hablando mal de alguien más.
Los guatemaltecos debemos cambiar la manera de hablar o Guatemala no va a cambiar, porque en nuestra boca Dios nos ha dejado mucho poder y el poder del cambio también está en nuestra boca, si aprendemos a hablar veremos grandes cambios. Dios creó con su boca, él dijo “hágase la luz” y la luz se hizo; y después dice que Dios vio que era bueno. Quiere decir que nosotros debemos ver las cosas producidas por nuestra boca y poder decir “está bueno” y no cosas producidas por nuestra boca y decir “está mal”.
Hay un reino dentro de nosotros que puede sufrir división debido a nuestra boca porque con el corazón creemos para justicia y con la boca confesamos para salvación, hay que usar el corazón y la boca para un mismo objetivo, que lo que el corazón cree, la boca lo hable. Les pedí que no hablaran de la enfermedad que tienen, porque si alguien está enfermo, está enfermo, no se puede negar la enfermedad, no deben hablar de la enfermedad sino hay que aprender a hablar en medio de ella, en medio del dolor deben confesar que confían en Dios, en que su hijo fue crucificado en la Cruz del Calvario, derramó su sangre por ustedes y que por su herida son sanos.
Hemos estado como relacionando o inspirando nuestra fe por las cosas que pasan, yo no les pido que no hablen de la crisis, más bien, voy a enseñarles a cómo enfrentarla y a cómo hablar en medio de ella. Sí hay crisis, no es la primera, no es la última, habrá crisis siempre que la humanidad vaya evolucionando, no se asusten, de todas las crisis Dios nos ha librado, vemos en la Palabra a Gedeón, a Abraham, a Noé a todos los hombres en los que en él confiaron los libró. Cuando llegaron diez plagas a Egipto Dios protegió a su pueblo ¿Cuál es el problema? Somos hijos de Dios, nuestro socorro viene de lo alto, no hemos visto justo desamparado ni su simiente que mendigue el pan, él nos sostendrá, nos proveerá conforme su justicia, su nombre es Jehová Jireh. Puedo pasar la mañana entera hablando de este tema, aprenda a hablar en medio de lo que pasa.
¿Su hijo se fue de casa? ¿Su hija se fue a vivir con un joven? A pesar de eso usted no puede empezar a maldecir y a hablar mal, no le digo que no le dé la cara a la realidad, debe hacerlo, pero con fe, no puede hacerlo sin fe, debe levantarse en la mañana, encerrarse en su cuarto, levantar las manos y confesar la Palabra de Dios para su familia, decir: “Señor te entregamos nuestro corazón, somos tus hijos, redimidos por la sangre del cordero, coherederos con Cristo, no hay cosa que pase que no obre a bien a los escogidos tuyos, a los que aman tu nombre, a los que te buscan de día y de noche, levanto mis manos y declaro que mis hijos son benditos donde quiera que vayan, sus ojos serán abiertos, las tinieblas se van a disipar, los tendré en la puerta de mi casa, vendrán a mis brazos, los voy a abrazar porque son hijos tuyos”. Debes aprender a hablar.
Las crisis traen balance a la humanidad, la hacen reflexionar, pensar, buscar maneras de salir adelante, la hacen recapacitar en lo malo que han hecho, la hacen administrar mejor los bienes que tienen en sus manos, traen un balance. Dios nos va a prosperar, pero debemos aprender a hablar.
Salmo 116:10 Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera.
En este versículo hay un contraste, este hombre no estaba hablando de su aflicción sino de lo que creía que Dios iba a hacer en medio de ella, “Estando angustiado le creí a Dios y hablé lo que creí”. Tienes que alinear tu boca a tu corazón. Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, eso no es sólo se refiere a la salvación de vida eterna, sino en general. Quien te salva es el Señor pero lo que te salva es tu boca.
1 Pedro 3:10 Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño.
Los días buenos, felices y dichosos están en poder de tu lengua, tu boca, tus palabras, tus confesiones, tus declaraciones, lo que te salva, lo que te promueve, lo que te abre camino, es tu boca, si Dios usó la boca para crear lo que hoy vemos, debemos usarla nosotros también, desde el Génesis nos dejó el secreto de cómo hacerlo, cuando él quiso hacer algo bueno habló, cuando quiso salvar a la humanidad encarnó al Verbo, Jesucristo, la Palabra, a nosotros nos gusta oír palabra, conferencias, cuando lo que debe gustarnos más hablar la palabra.
1 Pedro 3:11-13 Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?
Está en el contexto de saber hablar, Pedro pregunta ¿Quién les podrá hacer daño si hablan bien?, ¿habrá crisis, enfermedad, presiones que nos hagan daño si hablamos bien? Si aprendes a hablar bien, nadie podrá hacerte daño, te lo demuestro, ¿Qué pasa cuando alguien te hiere o lastima? tenemos que limitarnos a lo que es pecado y lo que no, más de lo que nos ofende o no, si usted es una persona que no se le puede tocar, la gente no tiene la culpa que usted sea sensible, delicado y que todo le ofenda, eso le pasa por ser almático, sentimental; definir lo que es o no ofensa es muy subjetivo, ustedes eran menos sentidos cuando no conocían al Señor porque ahora usan la palabra para medir a los otros y no para transformar sus vida.
Nosotros si queremos ver días buenos, dichosos, alegres, refrenemos nuestra boca del mal y no hablemos engaño, si haces el bien nadie podrá hacerte daño, no pueden hacerte daño si tu bendices a la gente, Jesús dijo: “Bendice a los que te maldicen”, para cuidar tu corazón te dice qué hacer con tu boca, cuando a Jesús lo maldecían jamás respondió con venganza sino que remitía la causa a quien juzgaba justamente. Hay que bendecir al que te maldice, orar por los que te persiguen, por los que levantan falso testimonio, lo que está protegiendo a tu alma es tu boca, si tú no devuelves mal por mal vas por buen camino.
Santiago 3:1-6 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
Si el infierno quiere dañar la creación lo único que debe encontrar es una lengua, porque con esa lengua somos capaces de inflamar todo, otra versión dice “inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento”.
Santiago 3:7-8 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Cuando decimos que la lengua contamina todo el cuerpo, los científicos dicen que tenemos varios centros cerebrales que controlan diferentes partes de nuestro cuerpo, pero que el centro cerebral del habla controla el resto de los centros cerebrales, uno se siente como uno habla, uno termina haciendo lo que uno dice, pasan cosas que uno confesó; la lengua es más importante de lo que creemos. Cuando yo estaba meditando en esta Escritura el Señor me llevó a Génesis y me enseñó que él usó la boca para crear todo y dijo que todo era bueno, entonces me dijo: “haz lo mismo”. Tienes que crear tu ambiente, destino, futuro con tu boca, y cuando estés allí y lo mires digas “Está bueno, yo lo dije”
Una persona se me acercó y me dijo que veía mis programas de Noches de Gloria, me preguntó si no creía que me estaba dando la gloria a mí mismo porque cuando un milagro se daba yo hacía un show y decía “yo lo dije”. Le dije que si me veía reaccionar y emocionarme no era fingido, que cuando veía un milagro le daba gloria a Dios al expresar mi asombro de lo que estaba viendo. Normalmente yo estoy orando en mi habitación y estoy recibiendo de parte de Dios lo que creo que van a pasar, cuando ocurre el milagro yo digo “yo lo dije” eso no es mentira, yo lo dije, yo comprendo el poder de las palabras, lo dije como algo profético y así pasa, eso no es darme gloria a mí mismo, eso es retroalimentar mi seguridad de que Dios fue el que me lo dijo y me lo mostró. ¿O a caso no se cumplió lo que el profeta Elías dijo que sólo por su palabra iba a llover? Los profetas, los ministros, los líderes de células deben ser personas seguras que están llamadas por Dios, debemos pararnos seguros y declarar: “Lo que te voy a decir va a pasar”. Suena jactancioso, pero este mundo está llena de gente insegura cuando habla y los que hablamos más seguros sonamos como lo que no somos, no es orgullo, ni arrogancia, ni prepotencia, es confianza en Dios, “creí, por lo tanto hablé”.
Todo puede ser controlado, tu cuerpo por lo que hablas, puedes generarle paz o estrés a tu cuerpo por lo que hablas, a veces el estrés no es por lo que estás haciendo sino por lo que estás diciendo, nadie puede domar la lengua, si no podemos domarla, no hay más que hacer, bonita palabra pero hasta allí llegamos, lo que se doma es el corazón, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Hay algo que controla la boca y es el corazón y ese sí puede ser renovado, cuando dejas el orgullo, orgullo deja de salir de la boca, cuando dejas la arrogancia, la falsa de humildad, la vulgaridad, el rencor, cuando te llenas de amor, empatía, sabiduría, de prudencia sale de tu boca, la boca no será domada, sí el corazón. Cuando metes nobleza a tu corazón eso saldrá de tus labios, cuando metes alegría, gozo, paz, eso saldrá de tus labios, la boca no se puede domar, es más fácil domar una boa, una cobra, un león, un tigre que la misma boca, pero sí podemos renovar el corazón que es la fuente de donde salen las palabras.
Hemos estado aprendiendo a usar bien la boca, a no dividir el Reino, Jesús habló que podía existir división en una casa, en una ciudad y en un reino debido a la forma en la que la gente habla, vimos también que la gente que puede llegar a blasfemar al Espíritu Santo es aquella que siempre está hablando mal de alguien más.
Los guatemaltecos debemos cambiar la manera de hablar o Guatemala no va a cambiar, porque en nuestra boca Dios nos ha dejado mucho poder y el poder del cambio también está en nuestra boca, si aprendemos a hablar veremos grandes cambios. Dios creó con su boca, él dijo “hágase la luz” y la luz se hizo; y después dice que Dios vio que era bueno. Quiere decir que nosotros debemos ver las cosas producidas por nuestra boca y poder decir “está bueno” y no cosas producidas por nuestra boca y decir “está mal”.
Hay un reino dentro de nosotros que puede sufrir división debido a nuestra boca porque con el corazón creemos para justicia y con la boca confesamos para salvación, hay que usar el corazón y la boca para un mismo objetivo, que lo que el corazón cree, la boca lo hable. Les pedí que no hablaran de la enfermedad que tienen, porque si alguien está enfermo, está enfermo, no se puede negar la enfermedad, no deben hablar de la enfermedad sino hay que aprender a hablar en medio de ella, en medio del dolor deben confesar que confían en Dios, en que su hijo fue crucificado en la Cruz del Calvario, derramó su sangre por ustedes y que por su herida son sanos.
Hemos estado como relacionando o inspirando nuestra fe por las cosas que pasan, yo no les pido que no hablen de la crisis, más bien, voy a enseñarles a cómo enfrentarla y a cómo hablar en medio de ella. Sí hay crisis, no es la primera, no es la última, habrá crisis siempre que la humanidad vaya evolucionando, no se asusten, de todas las crisis Dios nos ha librado, vemos en la Palabra a Gedeón, a Abraham, a Noé a todos los hombres en los que en él confiaron los libró. Cuando llegaron diez plagas a Egipto Dios protegió a su pueblo ¿Cuál es el problema? Somos hijos de Dios, nuestro socorro viene de lo alto, no hemos visto justo desamparado ni su simiente que mendigue el pan, él nos sostendrá, nos proveerá conforme su justicia, su nombre es Jehová Jireh. Puedo pasar la mañana entera hablando de este tema, aprenda a hablar en medio de lo que pasa.
¿Su hijo se fue de casa? ¿Su hija se fue a vivir con un joven? A pesar de eso usted no puede empezar a maldecir y a hablar mal, no le digo que no le dé la cara a la realidad, debe hacerlo, pero con fe, no puede hacerlo sin fe, debe levantarse en la mañana, encerrarse en su cuarto, levantar las manos y confesar la Palabra de Dios para su familia, decir: “Señor te entregamos nuestro corazón, somos tus hijos, redimidos por la sangre del cordero, coherederos con Cristo, no hay cosa que pase que no obre a bien a los escogidos tuyos, a los que aman tu nombre, a los que te buscan de día y de noche, levanto mis manos y declaro que mis hijos son benditos donde quiera que vayan, sus ojos serán abiertos, las tinieblas se van a disipar, los tendré en la puerta de mi casa, vendrán a mis brazos, los voy a abrazar porque son hijos tuyos”. Debes aprender a hablar.
Las crisis traen balance a la humanidad, la hacen reflexionar, pensar, buscar maneras de salir adelante, la hacen recapacitar en lo malo que han hecho, la hacen administrar mejor los bienes que tienen en sus manos, traen un balance. Dios nos va a prosperar, pero debemos aprender a hablar.
Salmo 116:10 Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera.
En este versículo hay un contraste, este hombre no estaba hablando de su aflicción sino de lo que creía que Dios iba a hacer en medio de ella, “Estando angustiado le creí a Dios y hablé lo que creí”. Tienes que alinear tu boca a tu corazón. Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, eso no es sólo se refiere a la salvación de vida eterna, sino en general. Quien te salva es el Señor pero lo que te salva es tu boca.
1 Pedro 3:10 Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño.
Los días buenos, felices y dichosos están en poder de tu lengua, tu boca, tus palabras, tus confesiones, tus declaraciones, lo que te salva, lo que te promueve, lo que te abre camino, es tu boca, si Dios usó la boca para crear lo que hoy vemos, debemos usarla nosotros también, desde el Génesis nos dejó el secreto de cómo hacerlo, cuando él quiso hacer algo bueno habló, cuando quiso salvar a la humanidad encarnó al Verbo, Jesucristo, la Palabra, a nosotros nos gusta oír palabra, conferencias, cuando lo que debe gustarnos más hablar la palabra.
1 Pedro 3:11-13 Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?
Está en el contexto de saber hablar, Pedro pregunta ¿Quién les podrá hacer daño si hablan bien?, ¿habrá crisis, enfermedad, presiones que nos hagan daño si hablamos bien? Si aprendes a hablar bien, nadie podrá hacerte daño, te lo demuestro, ¿Qué pasa cuando alguien te hiere o lastima? tenemos que limitarnos a lo que es pecado y lo que no, más de lo que nos ofende o no, si usted es una persona que no se le puede tocar, la gente no tiene la culpa que usted sea sensible, delicado y que todo le ofenda, eso le pasa por ser almático, sentimental; definir lo que es o no ofensa es muy subjetivo, ustedes eran menos sentidos cuando no conocían al Señor porque ahora usan la palabra para medir a los otros y no para transformar sus vida.
Nosotros si queremos ver días buenos, dichosos, alegres, refrenemos nuestra boca del mal y no hablemos engaño, si haces el bien nadie podrá hacerte daño, no pueden hacerte daño si tu bendices a la gente, Jesús dijo: “Bendice a los que te maldicen”, para cuidar tu corazón te dice qué hacer con tu boca, cuando a Jesús lo maldecían jamás respondió con venganza sino que remitía la causa a quien juzgaba justamente. Hay que bendecir al que te maldice, orar por los que te persiguen, por los que levantan falso testimonio, lo que está protegiendo a tu alma es tu boca, si tú no devuelves mal por mal vas por buen camino.
Santiago 3:1-6 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
Si el infierno quiere dañar la creación lo único que debe encontrar es una lengua, porque con esa lengua somos capaces de inflamar todo, otra versión dice “inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento”.
Santiago 3:7-8 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.
Cuando decimos que la lengua contamina todo el cuerpo, los científicos dicen que tenemos varios centros cerebrales que controlan diferentes partes de nuestro cuerpo, pero que el centro cerebral del habla controla el resto de los centros cerebrales, uno se siente como uno habla, uno termina haciendo lo que uno dice, pasan cosas que uno confesó; la lengua es más importante de lo que creemos. Cuando yo estaba meditando en esta Escritura el Señor me llevó a Génesis y me enseñó que él usó la boca para crear todo y dijo que todo era bueno, entonces me dijo: “haz lo mismo”. Tienes que crear tu ambiente, destino, futuro con tu boca, y cuando estés allí y lo mires digas “Está bueno, yo lo dije”
Una persona se me acercó y me dijo que veía mis programas de Noches de Gloria, me preguntó si no creía que me estaba dando la gloria a mí mismo porque cuando un milagro se daba yo hacía un show y decía “yo lo dije”. Le dije que si me veía reaccionar y emocionarme no era fingido, que cuando veía un milagro le daba gloria a Dios al expresar mi asombro de lo que estaba viendo. Normalmente yo estoy orando en mi habitación y estoy recibiendo de parte de Dios lo que creo que van a pasar, cuando ocurre el milagro yo digo “yo lo dije” eso no es mentira, yo lo dije, yo comprendo el poder de las palabras, lo dije como algo profético y así pasa, eso no es darme gloria a mí mismo, eso es retroalimentar mi seguridad de que Dios fue el que me lo dijo y me lo mostró. ¿O a caso no se cumplió lo que el profeta Elías dijo que sólo por su palabra iba a llover? Los profetas, los ministros, los líderes de células deben ser personas seguras que están llamadas por Dios, debemos pararnos seguros y declarar: “Lo que te voy a decir va a pasar”. Suena jactancioso, pero este mundo está llena de gente insegura cuando habla y los que hablamos más seguros sonamos como lo que no somos, no es orgullo, ni arrogancia, ni prepotencia, es confianza en Dios, “creí, por lo tanto hablé”.
Todo puede ser controlado, tu cuerpo por lo que hablas, puedes generarle paz o estrés a tu cuerpo por lo que hablas, a veces el estrés no es por lo que estás haciendo sino por lo que estás diciendo, nadie puede domar la lengua, si no podemos domarla, no hay más que hacer, bonita palabra pero hasta allí llegamos, lo que se doma es el corazón, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Hay algo que controla la boca y es el corazón y ese sí puede ser renovado, cuando dejas el orgullo, orgullo deja de salir de la boca, cuando dejas la arrogancia, la falsa de humildad, la vulgaridad, el rencor, cuando te llenas de amor, empatía, sabiduría, de prudencia sale de tu boca, la boca no será domada, sí el corazón. Cuando metes nobleza a tu corazón eso saldrá de tus labios, cuando metes alegría, gozo, paz, eso saldrá de tus labios, la boca no se puede domar, es más fácil domar una boa, una cobra, un león, un tigre que la misma boca, pero sí podemos renovar el corazón que es la fuente de donde salen las palabras.
La Parabola de Montaña Rusa
Levántate e insiste porque tu fe debe crecer para sostenerte y hacerte alcanzar tus promesas.
Hemos aprendido que hay cinco etapas en el proceso de la fe. La primera es cuando nacemos a una nueva vida, luego vivimos, caminamos y peleamos por fe. Por último, es necesario que tengamos fe incluso para morir, sobre todo si ya nos vimos caminando hacia el cielo donde Pedro nos dará la bienvenida para gozar de la presencia de Dios. Tenemos una medida de fe y debemos descubrir cuál es la nuestra. Todo tiene una dimensión que puede medirse. Los líquidos se miden por galones y litros; la temperatura se mide en grados y las distancias se miden por kilómetros, metros y yardas. La forma de medir nuestra fe es a través de las obras.
Pensamos que un hombre de fe es aquel devoto de Dios, pero solamente lo que hacemos y cómo lo hacemos demuestra el tamaño de nuestra fe en el Señor. Todos tienen fe en algo, incluso los ateos y pecadores porque hasta los narcotraficantes distribuyen la droga creyendo y esperando que no los atrapen. Nosotros, los cristianos, somos el pueblo de Dios y no somos capaces de utilizar la medida de fe que tenemos.
Desarróllala y usa el 100% de lo que Dios te ha dado.
Alcanza la altura de fe necesaria
2 Pedro 1:4 nos asegura: por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Nuestro inicio en la fe es maravilloso. Yo me convertía al Señor en una comunidad carismática que se llama San Pablo y estaba tan entusiasmado por hacer las cosas bien que le dije a mi guía: “Fredy, quiero agradar a Dios, dame un listado de todos los pecados que existan para dejar de cometerlos”. Nuestro deseo de agradar al Señor es tan grande que incluso nos inventamos nuevos pecados que evitar porque anhelamos tener la estatura que nos permita entrar a la dimensión que Dios tiene preparada. Debemos estirarnos en la fe y provocar que las promesas se cumplan, todo depende de nosotros, de nadie más.
Yo lo comparo con ese deseo por crecer que tenemos de niños. Nos morimos por llegar a la altura necesaria para que nos permitan subirnos a los juegos de “mayores” como las montañas rusas y carritos chocones. Cuando era niño, mis padres nos llevaban a varios parques de diversiones como Esquilandia, Buenaventura y Helados Gloria. Cada vez que íbamos me emocionaba esperando que la persona en la entrada de los juegos me midiera y me permitiera subirme para después contarle a mis amigos, pero muchas veces me frustré porque no daba la talla y mi hermana con mi primo Erick se volteaban a decirme adiós con una sonrisa en sus rostros mientras yo debía conformarme con los juegos para niños pequeños. A más altura, más nivel de emoción y mejor es la experiencia. Lo mismo sucede en todo, incluso en las empresas, mientras más grandes, mayor es el grado de riesgo y responsabilidad. La dimensión ¡wow! se vive solamente a grandes alturas.
Hay etapas que no has podido vivir porque no tienes la altura necesaria. Cuando finalmente me permitieron subir a las camas elásticas, intenté hacer el triple invertido y quedé trabado entre dos resortes. Hace unos años fuimos de viaje a Florida con mi esposa, mi hijo, el pastor Cash y su familia. Yo me quedaba con el Pastor mientras todos se subían a los juegos mecánicos pero la pastora Sonia me pidió que la acompañara a una nueva montaña rusa. Cuando estaba allá arriba, a punto de tomar la caída más fuerte, cerré los ojos y oré porque la bajada era impresionante. ¡Sentí que mi espíritu se quedó arriba! Todos esos juegos están diseñados para que tu adrenalina suba y te haga sentir una gran emoción. Creo que a partir de ese momento empezó mi problema de la caída del cabello.
Nuestra fe opera de la misma forma, a mayor altura, mejor experiencia. Imagina todas las impresionantes vivencias del pastor Cash viendo a la muerte alejarse de las personas y experimentando la presencia de Dios tan de cerca. A mayor fe, mayor altura, mayores experiencias y mejores testimonios. Anímate a crecer en tu fe para ser de los que pueden vivir esas experiencias maravillosas.
Persiste hasta lograrlo
Todos sabemos que debemos crecer en la fe y tenemos esa ilusión pero el problema es que nos frustramos cuando lo intentamos y no lo logramos. ¿Cuántas veces has fallado? Seguramente algunas, yo lo he vivido pero estoy en el proceso de lograr las metas que aún no alcanzo. Hace tiempo, en la ciudad de Saltillo en México, antes una gran audiencia de jóvenes, prometí que al cumplir los treinta años tendría treinta mil jóvenes en mi red. Estaba emocionado, henchido de amor y fui irresponsable al afirmar esto. Ahora tengo treinta y tres años y aún no logré lo que prometí pero estoy en el proceso de cumplirlo. Cada día que pasa tengo que batallar con la frustración de no haber cumplido esa meta pero ha sido una gran lección de humildad y no dejaré de esforzarme hasta alcanzarla. Sé que debo estirar mi fe y crecer, como tú debes hacerlo para cumplir las metas de fe que te has propuesto.
¿Qué pasa cuando fallamos, cuando no logramos lo que nos proponemos? Pedro es un buen ejemplo de esto. En toda la Biblia no encuentro otra persona que le fallara tanto a Jesús con él, sin embargo nunca se dio por vencido. En su primer encuentro con el Señor, le cambió el nombre porque Simón significa “junco llevado por el viento”. ¡Imagina semejante inicio para un hombre que a partir de ese momento buscó siempre agradar a su Señor!
Pedro siempre era el primero en aceptar los retos y confiar en superarlos aunque se equivocara. Le sucedió en las aguas cuando Jesús los llamó y él fue el primero en seguirlo aunque luego se hundió. Muchos pasamos por lo mismo, decimos que lograremos nuestros objetivos y luego nos avergonzamos de no hacerlo.
Mateo 16:13-19 relata: Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Estudiemos el patrón de conducta de Pedro. Falló muchas veces, no siempre logró agradar al Señor pero esa vez lo hizo y fue el escogido para recibir las llaves del Reino. Imitémoslo e insistamos para ser los escogidos. Que no te detengan tus errores, levántate y sigue adelante. Seguramente en ese momento, cuando escuchó las palabras de Jesús, Pedro dijo: ¡Lo logré, tengo las llaves! Recibió la autoridad sobre el cielo y la tierra, fue posicionado en un lugar privilegiado por su insistencia en avanzar.
Levántate y sigue adelante
Mateo 16:21-23 continúa el relato: Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Vemos que la alegría no le duró mucho, en el versículo 19 le dan poder sobre los cielos y la tierra pero en el versículo 23 le nombran Satanás. ¡Eso realmente es caer rápido! Si Jesús me llamara así, yo empezaría a buscarme la cola.
Pedro mereció ese regaño porque en su ansiedad se tomó la libertad de decirle al Maestro que pensara mejor las cosas y se evitara el sufrimiento. Entonces fue necesario que Jesús hiciera algo para levantar y estirar la fe de ese hombre en quien confiaría la continuidad de Su obra. Entonces Pedro fue capaz de seguir adelante, fue persistente y logró que su fe creciera hasta ver cumplido lo que estaba prometido para su vida. Su actitud es poderosa y nos enseña mucho.
Luego de ese acontecimiento, Jesús se va a orar y llama a tres de sus discípulos, incluyendo a Pedro quien de nuevo se equivoca porque el cansancio lo vence. Cuando el Señor los encuentra, les llama la atención e incluso pareciera que la tiene contra Pedro a quien regaña. Muchas veces sentimos demasiada presión pero es porque el aprendizaje debe ser efectivo para recibir lo que hay para nosotros.
Luego, Pedro comete otro error al actuar violentamente y cortarle la oreja a uno de los soldados que llegaron con Judas. Casi puedo ver la cara de desaprobación de Jesús al recoger la oreja y ponerla de nuevo en su lugar, sanando al soldado y puedo ver el gesto de decepción de Pedro al ver que se había equivocado de nuevo aunque había actuado con la intención de agradar al Señor.
A pesar de todo, Pedro sigue adelante, incluso cuando el mismo Jesús le dice: “Me negarás tres veces antes de que el gallo cante”. La gente de fe que el Señor necesita para establecer Su Reino es la que insiste y crece aunque cometa errores.
Debes seguir adelante a pesar de todo. El Señor, tu matrimonio, tu negocio y tu familia merecen que insistas y no te des por vencido. No abandones la lucha, pelea la batalla de la fe porque el Reino es de quienes perseveran y tienen el impulso para crecer y alcanzar mayor estatura.
Busca ser de los que están dispuestos a todo y son los primeros en decir “yo lo haré”, incluso antes de saber qué es lo que Dios pedirá. Lánzate aunque sientas que te hundes y Él te premiará porque verá tu fe.
En Lucas 22:31-32 vemos que Jesús le dice a Pedro: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
Jesús estaba preparando a Pedro desde el primer momento. Lo mismo sucede contigo. Si el Señor le dice al diablo que puede tomar tu vida es porque sabe que estás preparado para pelear y vencer en la batalla. Aunque te caigas, aunque te hundas, a pesar de todo sigue adelante y no te detengas porque solamente insistiendo lograrás ver cumplidas las promesas del Señor en tu vida.
Hemos aprendido que hay cinco etapas en el proceso de la fe. La primera es cuando nacemos a una nueva vida, luego vivimos, caminamos y peleamos por fe. Por último, es necesario que tengamos fe incluso para morir, sobre todo si ya nos vimos caminando hacia el cielo donde Pedro nos dará la bienvenida para gozar de la presencia de Dios. Tenemos una medida de fe y debemos descubrir cuál es la nuestra. Todo tiene una dimensión que puede medirse. Los líquidos se miden por galones y litros; la temperatura se mide en grados y las distancias se miden por kilómetros, metros y yardas. La forma de medir nuestra fe es a través de las obras.
Pensamos que un hombre de fe es aquel devoto de Dios, pero solamente lo que hacemos y cómo lo hacemos demuestra el tamaño de nuestra fe en el Señor. Todos tienen fe en algo, incluso los ateos y pecadores porque hasta los narcotraficantes distribuyen la droga creyendo y esperando que no los atrapen. Nosotros, los cristianos, somos el pueblo de Dios y no somos capaces de utilizar la medida de fe que tenemos.
Desarróllala y usa el 100% de lo que Dios te ha dado.
Alcanza la altura de fe necesaria
2 Pedro 1:4 nos asegura: por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Nuestro inicio en la fe es maravilloso. Yo me convertía al Señor en una comunidad carismática que se llama San Pablo y estaba tan entusiasmado por hacer las cosas bien que le dije a mi guía: “Fredy, quiero agradar a Dios, dame un listado de todos los pecados que existan para dejar de cometerlos”. Nuestro deseo de agradar al Señor es tan grande que incluso nos inventamos nuevos pecados que evitar porque anhelamos tener la estatura que nos permita entrar a la dimensión que Dios tiene preparada. Debemos estirarnos en la fe y provocar que las promesas se cumplan, todo depende de nosotros, de nadie más.
Yo lo comparo con ese deseo por crecer que tenemos de niños. Nos morimos por llegar a la altura necesaria para que nos permitan subirnos a los juegos de “mayores” como las montañas rusas y carritos chocones. Cuando era niño, mis padres nos llevaban a varios parques de diversiones como Esquilandia, Buenaventura y Helados Gloria. Cada vez que íbamos me emocionaba esperando que la persona en la entrada de los juegos me midiera y me permitiera subirme para después contarle a mis amigos, pero muchas veces me frustré porque no daba la talla y mi hermana con mi primo Erick se volteaban a decirme adiós con una sonrisa en sus rostros mientras yo debía conformarme con los juegos para niños pequeños. A más altura, más nivel de emoción y mejor es la experiencia. Lo mismo sucede en todo, incluso en las empresas, mientras más grandes, mayor es el grado de riesgo y responsabilidad. La dimensión ¡wow! se vive solamente a grandes alturas.
Hay etapas que no has podido vivir porque no tienes la altura necesaria. Cuando finalmente me permitieron subir a las camas elásticas, intenté hacer el triple invertido y quedé trabado entre dos resortes. Hace unos años fuimos de viaje a Florida con mi esposa, mi hijo, el pastor Cash y su familia. Yo me quedaba con el Pastor mientras todos se subían a los juegos mecánicos pero la pastora Sonia me pidió que la acompañara a una nueva montaña rusa. Cuando estaba allá arriba, a punto de tomar la caída más fuerte, cerré los ojos y oré porque la bajada era impresionante. ¡Sentí que mi espíritu se quedó arriba! Todos esos juegos están diseñados para que tu adrenalina suba y te haga sentir una gran emoción. Creo que a partir de ese momento empezó mi problema de la caída del cabello.
Nuestra fe opera de la misma forma, a mayor altura, mejor experiencia. Imagina todas las impresionantes vivencias del pastor Cash viendo a la muerte alejarse de las personas y experimentando la presencia de Dios tan de cerca. A mayor fe, mayor altura, mayores experiencias y mejores testimonios. Anímate a crecer en tu fe para ser de los que pueden vivir esas experiencias maravillosas.
Persiste hasta lograrlo
Todos sabemos que debemos crecer en la fe y tenemos esa ilusión pero el problema es que nos frustramos cuando lo intentamos y no lo logramos. ¿Cuántas veces has fallado? Seguramente algunas, yo lo he vivido pero estoy en el proceso de lograr las metas que aún no alcanzo. Hace tiempo, en la ciudad de Saltillo en México, antes una gran audiencia de jóvenes, prometí que al cumplir los treinta años tendría treinta mil jóvenes en mi red. Estaba emocionado, henchido de amor y fui irresponsable al afirmar esto. Ahora tengo treinta y tres años y aún no logré lo que prometí pero estoy en el proceso de cumplirlo. Cada día que pasa tengo que batallar con la frustración de no haber cumplido esa meta pero ha sido una gran lección de humildad y no dejaré de esforzarme hasta alcanzarla. Sé que debo estirar mi fe y crecer, como tú debes hacerlo para cumplir las metas de fe que te has propuesto.
¿Qué pasa cuando fallamos, cuando no logramos lo que nos proponemos? Pedro es un buen ejemplo de esto. En toda la Biblia no encuentro otra persona que le fallara tanto a Jesús con él, sin embargo nunca se dio por vencido. En su primer encuentro con el Señor, le cambió el nombre porque Simón significa “junco llevado por el viento”. ¡Imagina semejante inicio para un hombre que a partir de ese momento buscó siempre agradar a su Señor!
Pedro siempre era el primero en aceptar los retos y confiar en superarlos aunque se equivocara. Le sucedió en las aguas cuando Jesús los llamó y él fue el primero en seguirlo aunque luego se hundió. Muchos pasamos por lo mismo, decimos que lograremos nuestros objetivos y luego nos avergonzamos de no hacerlo.
Mateo 16:13-19 relata: Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Estudiemos el patrón de conducta de Pedro. Falló muchas veces, no siempre logró agradar al Señor pero esa vez lo hizo y fue el escogido para recibir las llaves del Reino. Imitémoslo e insistamos para ser los escogidos. Que no te detengan tus errores, levántate y sigue adelante. Seguramente en ese momento, cuando escuchó las palabras de Jesús, Pedro dijo: ¡Lo logré, tengo las llaves! Recibió la autoridad sobre el cielo y la tierra, fue posicionado en un lugar privilegiado por su insistencia en avanzar.
Levántate y sigue adelante
Mateo 16:21-23 continúa el relato: Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Vemos que la alegría no le duró mucho, en el versículo 19 le dan poder sobre los cielos y la tierra pero en el versículo 23 le nombran Satanás. ¡Eso realmente es caer rápido! Si Jesús me llamara así, yo empezaría a buscarme la cola.
Pedro mereció ese regaño porque en su ansiedad se tomó la libertad de decirle al Maestro que pensara mejor las cosas y se evitara el sufrimiento. Entonces fue necesario que Jesús hiciera algo para levantar y estirar la fe de ese hombre en quien confiaría la continuidad de Su obra. Entonces Pedro fue capaz de seguir adelante, fue persistente y logró que su fe creciera hasta ver cumplido lo que estaba prometido para su vida. Su actitud es poderosa y nos enseña mucho.
Luego de ese acontecimiento, Jesús se va a orar y llama a tres de sus discípulos, incluyendo a Pedro quien de nuevo se equivoca porque el cansancio lo vence. Cuando el Señor los encuentra, les llama la atención e incluso pareciera que la tiene contra Pedro a quien regaña. Muchas veces sentimos demasiada presión pero es porque el aprendizaje debe ser efectivo para recibir lo que hay para nosotros.
Luego, Pedro comete otro error al actuar violentamente y cortarle la oreja a uno de los soldados que llegaron con Judas. Casi puedo ver la cara de desaprobación de Jesús al recoger la oreja y ponerla de nuevo en su lugar, sanando al soldado y puedo ver el gesto de decepción de Pedro al ver que se había equivocado de nuevo aunque había actuado con la intención de agradar al Señor.
A pesar de todo, Pedro sigue adelante, incluso cuando el mismo Jesús le dice: “Me negarás tres veces antes de que el gallo cante”. La gente de fe que el Señor necesita para establecer Su Reino es la que insiste y crece aunque cometa errores.
Debes seguir adelante a pesar de todo. El Señor, tu matrimonio, tu negocio y tu familia merecen que insistas y no te des por vencido. No abandones la lucha, pelea la batalla de la fe porque el Reino es de quienes perseveran y tienen el impulso para crecer y alcanzar mayor estatura.
Busca ser de los que están dispuestos a todo y son los primeros en decir “yo lo haré”, incluso antes de saber qué es lo que Dios pedirá. Lánzate aunque sientas que te hundes y Él te premiará porque verá tu fe.
En Lucas 22:31-32 vemos que Jesús le dice a Pedro: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
Jesús estaba preparando a Pedro desde el primer momento. Lo mismo sucede contigo. Si el Señor le dice al diablo que puede tomar tu vida es porque sabe que estás preparado para pelear y vencer en la batalla. Aunque te caigas, aunque te hundas, a pesar de todo sigue adelante y no te detengas porque solamente insistiendo lograrás ver cumplidas las promesas del Señor en tu vida.
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